Sigmund Freud desarrolló la teoría de la pulsión hacia la muerte, el malsano instinto humano hacia la muerte, a partir de explicar la proyección del conflicto neurótico personal al ámbito público, en manifestaciones como la guerra o el empleo inmediato de la violencia.
A la fecha, pocos analistas explican la creciente inseguridad estructural en México, a partir de los desórdenes mentales de Felipe calderón, quien desencadenó la violencia indiscriminada dizque contra el narcotráfico como vía de legitimarse, pero más aún como expresión inconsciente de su prevalecientemente mayoritario instinto hacia la muerte, vencedor del otro instinto humano de amor hacia la vida, instinto subdesarrollado en el caso de la psique calderonista.
En la ceremonia de exhumación y desfile enfermizo de los huesos de héroes de la guerra de independencia de México, hay quien ve en la maniobra calderonista un burdo intento de tratar de crear en el imaginario colectivo la equiparación de los próceres con la figura del mismo Felipe Calderón.
Ésa puede ser la intención, pero tal parece que en el inconsciente de calderón, exhibir huesos pero sobre todo cráneos decapitados (aun cuando sean de héroes), reflejaría un grado malsano de fetichismo (otra desviación freudiana) al pretender que se veneren objetos que además son ¡huesos humanos, cabezas decapitadas! ¡Calderón hizo guardia ante cabezas decapitadas! ¿en estos tiempos en México, en qué circunstancias es que pululan cabezas decapitadas, cuerpos mutilados? ¡Pues en la guerra que desató calderón dizque contra el narcotráfico!
Calderón desató la violencia indiscriminada, y lo advirtió desde el principio: va a morir mucha gente. No estaría de más tratar de entender el fenómeno actual de la violencia en México a partir de la malsana dualidad desequilibrada de calderón, donde prevalece su siniestro instinto hacia la muerte.
Desequilibrada dualidad entre el amor a la vida y el instinto hacia la muerte, prevaleciendo éste en el caso de calderón decapitaciones en la guerra calderonista
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